Guión Histórico

La oficina Chacabuco es una ex salitrera ubicada en la región de Antofagasta, cerca de la comuna de Sierra Gorda. Este lugar es actualmente la salitrera mejor conservada de la región debido a que aún mantiene gran parte de las viviendas que conformaron su campamento y también su zona industrial. Más de tres décadas después de su cierre en el año 1940, su infraestructura fue reutilizada por el Ejército de Chile para convertirla en un campo de prisioneros políticos durante la dictadura del general Augusto Pinochet.

Chacabuco se emplaza a 110 kilómetros al noreste de Antofagasta, hallando su asentamiento a un costado de la ruta Panamericana Norte. Esta salitrera comenzó a construirse en el año 1922 en un área entonces denominada como “Cantón central” o “Cantón boliviano”, zona que se distinguía por agrupar a todas aquellas salitreras que se construyeron adyacentes a la línea del Ferrocarril Antofagasta Bolivia.

Chacabuco fue erigida sobre los cimientos de otra vieja salitrera llamada Lastenia Salinas que data de 1872. Recibió su nombre patronímico en honor a la batalla de Chacabuco (comuna de Colina), evento de armas acaecido en febrero de 1817 en el contexto de las batallas de la independencia de Chile en donde este último país en alianza con Argentina (entonces Provincias Unidas del Río de la Plata) lograron imponerse al ejército realista del imperio español.

Para la construcción de esta salitrera se invirtieron más de un millón de libras esterlinas y su construcción finalizó en el año 1924. La compañía responsable de esta oficina fue la The Lautaro Nitrate Company Limited, cuyo mayor accionista era el empresario de orígen austrohúngaro Pascual Baburizza Soletic. El objetivo principal de Chacabuco era subsanar los aportes inferiores de las restantes oficinas vinculadas a esta compañía salitrera como Agustin Edwards, José Santo Ossa, Aurelia, Carmela, Ausonia o Puelma, las cuales o habían cerrado sus chimeneas, o mantenían sus explotaciones de manera muy precaria.

Según destaca una publicación del desaparecido diario antofagastino “El Abecé” de agosto de 1923, en pleno año de construcción de la oficina “Esta oficina, que por la magnitud de su construcción y potencia elaboradora será el ‘coloso’ de la pampa salitral, está ubicada a un kilómetro al norte de la estación Salinas del F. C. de Antofagasta a Bolivia. La potencia productora de las oficinas está clasificada por la cantidad de cachuchos de que dispone siendo la más grande que se conoce en toda la pampa salitrera de 36 cachucos. Pues, bien: La oficina Chacabuco constará de 54 cachuchos grandes, o sea una diferencia de 18 cachuchos más que la mayor de las oficinas. En la parte céntrica de la oficina se ha proyectado la plaza cuyas dimensiones son de 150 metros por lado. Frente a uno de los costados de la plaza se encuentran la escuela y el teatro cyas construcciones, muy adelantadas, procuran fácilmente una idea de lo que serán a su término (…) Enemigo de las mediocridades (…) La construcción del teatro es perfectamente adaptable a cualquiera ciudad. La fachada es elegante y su estilo de lo más moderno. Su interior es la de un coliseo pequeño ubicado en una ciudad modernista”.

Según destaca el historiador José Antonio González en un artículo publicado en el diario El Mercurio de Antofagasta el 30 de diciembre de 1924 (año del centenario de la apertura de la oficina) “La edificación e implementación de la oficina era obra del talento de un hombre: Williams J. Clayton, nacido en Chile y de padres ingleses. Se desempeñaba como inspector de la firma Baburizza y se había especializado en la construcción de oficinas salitreras como del proceso de elaboración del salitre. Su capacidad la había demostrado en Tarapacá levantando las oficinas Mercedes, Slavia y Santa Laura”.

También el artículo refiere a la población de pampinos que habitó en la salitrera desde sus primeros años de producción, hasta su declive hacia fines de la década del 30 del siglo XX.

“Hacia mayo de 1926 (Chacabuco), tenía 1.571 operarios en las distintas faenas que, con sus respectivas familias, arrojaban un total de 4.160 habitantes. Se consideraba que, en su mayor esplendor, Chacabuco llegó a duplicar el número de operarios: cerca de 3.000, siendo en total alrededor de 7.000 habitantes. Cifras más documentadas refieren un contingente de operarios y empleados fluctuante entre 1.400 y 1.700, y un total de habitantes que oscila entre los 5.000 y los 7.000. A partir del mes de marzo de 1938 se redujo la población a 981. La paralización de la oficina era ya una amarga realidad. A partir de entonces declinó gradualmente el número de sus habitantes. En diciembre de 1945 quedaban 97 habitantes”.

La estrategia de la empresa, considerando la baja ley del caliche explotado,fue canalizar la producción de algunas de estas salitreras, como por ejemplo la de la oficina Santo Ossa, para reenviar su producto a Chacabuco para su elaboración. Se estima que también la oficina Puelma también contribuyó en este trabajo, y además desde este lugar la The Lautaro Nitrate Company Limited instaló sus oficinas principales para tomar decisiones respecto a cómo operar con el resto de sus salitreras.

En este aspecto cabe resaltar que The Lautaro Nitrate, hacia comienzos de 1925, tenía once oficinas salitreras en Antofagasta, una en Tocopilla y cuatro en Taltal, lo que representaba un 25% de la producción de la industria del salitre por esos años.

De esta manera, Chacabuco se convirtió en el breve plazo en el que funcionó como salitrera (alrededor de 14 años) en una de las oficinas más connotadas del llamado Cantón Central, dado a que no solamente empleaba tecnología más moderna al momento de producir el nitrato, sino también porque la construcción de la localidad misma consideró diversos atractivos para hacer la vida de los obreros y sus familias más amenas, incluso cuando la ubicación misma se encontraba dentro de una de las zonas más áridas y calurosas del planeta al estar inserto en medio del Desierto de Atacama. Destacan de esta construcción el elegante teatro, la pulpería, la filarmónica y el hospital, edificios que aún mantienen la belleza clásica que las caracterizó cuando el lugar estaba habitado por alrededor de 5 mil personas.

Chacabuco también incorporó escuela para los hijos de los obreros de la pampa. En este espacio funcionario dos establecimientos públicos; la escuela N°25 de mujeres y la escuela N°26 de hombres, contando con un plantel de siete profesores fiscales y dos particulares. Todos ellos, a cargo de la empresa salitrera de la misma oficina. Para el año 1926, la asistencia de los varones oscilaba entre los 205 a 215  alumnos, y de las damas alcanzaba hasta las 215 mujeres. Las dos instituciones formadoras, tanta para hombres como para mujeres, se encontraban compactas en un solo inmueble hecho en base a adobe y compuesto por 10 salas de clases.

En la actualidad, una de las postales más reconocibles de Chacabuco es su teatro, el cual aún mantiene su fachada indemne. Este fue construido de adobe reforzado con columnas de concreto, con capacidad para 1.200 espectadores (700 galería, 100 en anfiteatro, 300 platea y 100 butacas de palco) donde funcionaron cada día en los que estuvo en funcionamiento la oficina como tal, compañías de teatro y exhibición de películas.

El teatro, de 750 metros cuadrados, constaba de tres pisos sobresalientes de las restantes edificaciones por su bello estilo y decorado, lo que lo hace un ícono artístico de la pampa salitrera.

Este lugar sirvió como cine (biógrafo), y en ese sentido su concesión a particulares -en su mayor tiempo lo tuvo la empresa Martínez y Cía., y también la compañía nacional Cardami Rivera Iriarte- debió cubrir determinadas condiciones exigidas por la salitrera, entre otras, la mantención diaria del local en cuanto al orden y el aseo. A mediado de la década del 30, la compañía salitrera se hizo cargo  de modo ocasional del teatro. Este teatro también acogió espectáculos dramáticos de elencos teatrales que provenían de Santiago y recorrían el norte del país.

Entre 1939 y 1944 este coloso de las artes quedó sin movimiento, reabriéndose momentáneamente hacia el mes de julio de 1944. El cierre definitivo de la oficina llevó consigo también el ocaso del teatro más famoso del cantón central.

SISTEMA SHANKS

Cabe destacar que Chacabuco fue una de las últimas salitreras de la región que empleó el método Shanks para la elaboración de su salitre. Básicamente este sistema de estilo inglés correspondía al conjunto de operaciones que consistía en la moledura del caliche; la separación del salitre del resto de la piedra y el secado del producto resultante al sol para finalmente convertirlo en el producto deseado.

Tras la extracción del caliche de la pampa a punta de tronaduras (explosiones) y barretazos (obreros picando la roca), este material era enviado ya sea por carretones o vagones del ferrocarril hasta la zona industrial de la oficina salitrera, el cual era vaciado en gigantescas máquinas trituradoras de rocas conocidas como “chancadoras”.

Luego el material triturado era transportado para su lixiviación, proceso fisicoquímico que consiste en extraer una sustancia de un material sólido mediante el uso de un líquido, extrayendo así el caldo salitroso (el proceso era conocido entre los pampinos como “chulla).

Luego este caldo era dispuesto en bateas de cristalización conocida como “cachucos” para la cristalización y la evacuación de las sales madres de la sustancia, resultando así posteriormente el salitre granulado, el cual era metido en sacos y dispuestos en amplias canchas para ser posteriormente enviadas mediante locomotoras hasta los puertos de Antofagasta y Mejillones, donde finalmente era embarcado y exportado al mundo.

Según explica el arquitecto Dr. Claudio Ostria González “para la época el sistema Shank era de vanguardia. Sin profundizar al respecto, hay que destacar que todo el esfuerzo que hizo la empresa a cargo de Chacabuco en implementarlo fue un poco triste, porque duró muy poco su vida útil antes de ser desplazada por el sistema Guggenheim, durando apenas 14 años. Entonces el conjunto industrial como estructura íntegra perduró aproximadamente hasta la década del 60, y de ahí comenzó su desmantelamiento ya sea por factores antrópicos como también las mismas inclemencias del desierto”.

En este aspecto, cabe resaltar que según el libro “La oficina Chacabuco, el coloso del sistema Shaks” de José Antonio González, especifica que esta salitrera “apostó por laborar con un sistema tecnológico que estaba agotado, no solo en cuanto a posibilidades de poder hacerse cargo del caliche inferior a la ley, mediante el cual se podía abaratar costos, principalmente en mano de obra, sino en poder hacer un ‘mejoramiento’ integral de las condiciones de vida del sistema Shanks. En ese sentido, como veremos, se hizo un esfuerzo de planificación espacial acompañado de la experiencia de los realizado por los ingleses, en cuanto al confort de las habitaciones, con las viviendas erigidas en la maestranza del ferrocarril ubicadas en Mejillones; aunque los costos y las decisiones de la Asociación de Productores de Salitre sobre el tema gravitaron en el delineamiento final”.

En ese aspecto, el historiador Óscar Bermúdez Miral consta en su libro “Las oficinas salitreras adyacentes a la línea del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia” que con Chacabuco fue posible constatar cómo una salitrera pensada para producir unas quince toneladas métricas  mensuales no alcanzó siquiera a dos tercio de lo programado.

La estructura jerárquica en el mundo laboral de Chacabuco dependía de la capacitación y años de escolaridad de los obreros, y estableció tres ámbitos de trabajo claramente delimitados: En el nivel más bajo que era la extracción estaban los cueveros, barreteros, perforistas, muleros, herramenteros, jornaleros y costreros. Luego venía lo que era el tráfico, donde estaban carrilanos, los llenadores de carros, llenadores de camiones, maquinistas, fogoneros y palanqueros.

En este aspecto cabe manifestar que los operarios de las locomotoras (maquinistas) estaban considerados es una elevada categoría social superior por ser sus oficios especializados y, además, por requerir éstos de una continua capacitación. También en ese aspecto esta labor recaía en su mayoría en hombres casados y en edad madura.

Luego estaban los obreros correspondientes a la elaboración: Acá estaban los ascendradores, derripiadores, botarripios, canchadores, canaleros, mecánicos, oxigenistas, motoristas, jornaleros de máquina, paleros, llaveros y mayores domo Finalmente estaba la maestranza, donde habían torneros, fresadores, herreros, carpinteros, mecánicos de banco, soldadores, mecánicos de garaje, choferes. electricistas, embobinadores, oficiales electricistas, fogoneros, operadores de casas de fuerza y capataces.

Según el boletín estadístico del mes de enero de 1934 de la oficina Chacabuco, los accidentes laborales entre los obreros de la pampa más atendidos en el hospital de la oficina  salitrera eran los generados por los siguientes motivos: “Tratando de animar la mula el animal se espantó lanzando una coz que golpeó al carretero en la pierna derecha”; “se cayó de la mula que montaba, golpeándose el brazo derecho”; “al bajar a un pique se resbaló, golpeándose la mano derecha”; “fue pateado por la mula, al tiempo de montar”; “gases desprendidos de la tierra, después de haber tronado, le produjeron asfixia”; “tapando un tiro de destace, explotó”.

Por su parte, los accidentes de los  operarios del área mecánica eran “al bajarse de un convoy resbaló, torciéndose el pié izquierdo”; destapando el motor de la pala diésel resbaló, pegándose en la rodilla de la pierna izquierda”; “cargando carros de salitre a granel, se resbaló de la tabla, recibiendo contusiones en la muñeca de la mano derecha”; “ayudando en la fundición de fierro le saltó una chispa de fierro en los pies”; “en circunstancia que limpiaba el canal de caldo resbaló, introduciendo la mano en el líquido caliente, causándole quemaduras”, entre otros.

En Chacabuco en sus años de mayor productividad se trabajaba desde las 08:00 AM hasta las 20:00 PM, en jornadas en donde había una interrupción de dos horas a primera hora de la tarde para tomar el almuerzo. 

El libro “La oficina Chacabuco, el coloso del sistema Shaks” de José Antonio González explica que “La instalación de la oficina Chacabuco constituía un desafío mayor, por estar laborando con el sistema Shanks, mientras , por la época de construcción del coloso del sistema Shanks, se experimentaba en la oficina Cecilia, situada en el Cantón Central, un nuevo método que ya había sido probado en laboratorios de Nueva York por los hermanos Guggenheim. En agosto de 1922 arribó el equipo técnico a Chile. Entre agosto de 1922 y fines de 1923 se lograron los resultados del método Guggenheim en la oficina Cecilia. Y se estaba construyendo la oficina Coya Norte, que entraría en funcionamiento en 1926. A la muerte de la mujer del ingeniero jefe Elías Capplen Smith, Mary Ellen Condon, en abril de 1927, la nueva oficina de Coya Norte pasó a denominarse en honor a ella como oficina María Elena. La producción de la oficina María Elena cuadruplicó lo realizado por la oficina Chacabuco”.

En el año 1929 hubo un cambio de propiedad de la oficina Chacabuco, dado a que la empresa de los hermanos Guggenheim compraron The Lautaro Nitrate Company, con lo cual la vieja salitrera no le perteneció más a Pascual Baburriza, su financista y dueño original.

Respecto a la población y el sistema laboral de la oficina, esta tuvo vaivenes durante sus años de intensa producción entre los años 1924 a 1938. El libro de José A. González nos explica, por ejemplo, que “Hacia mayo de 1926, tenía 1.571 operarios en las distintas faenas que, con sus respectivas familias, arrojaban un total de 4.160 habitantes. Se consideraba que, en su mayor esplendor, Chacabuco llegó a duplicar el número de operarios: cerca de 3.000, siendo en total alrededor de 7.000 habitantes. Cifras más documentadas refieren un contingente de operarios y empleados fluctuantes entre 1.400 y 1.700, y un total de habitantes que oscilan entre los 5.000 y los 7.000. Entre 1931 y 1938, la población total exhibió las siguientes variaciones: A febrero de 1931 hubo 2.710 habitantes, y en marzo de 1932 hubo 2.675 habitantes; julio de 1935 hubo 3.918 habitantes; enero de 1936 hubo 3.524 habitantes; diciembre de 1937 3.621 habitantes y para enero de 1938 hubo 1.293 habitantes”.

CRISIS SALITRERA

Como ya hemos mencionado, Chacabuco fue la última gran salitrera del sistema Shank que intentó modernizar un proceso extractivo de por sí ya arcaico, por lo cual la crisis del salitre iniciada al término de la I Guerra Mundial en 1918 comenzó también a afectar la producción de esta oficina, la cual comenzó a menguar drásticamente a partir del año 1938.

En marzo de ese año, la población se redujo al drástico número de 981 habitantes. Para ese entonces la paralización de las faenas productivas del otrora “Gigante del sistema Shanks” era algo ya inevitable. A partir de esa fecha el número de personas que habitaban el lugar comenzó a reducirse, y para 1939 (año en que, para su mes de septiembre iniciaría la II Guerra Mundial) ya evidenciaba un acelerado derrumbe demográfico, dado que para abril de 1938 las personas en Chacabuco eran 817, para julio eran 637 y para agosto 145. La población se estabilizó en esta última cifra.

Fue durante este año en donde nació uno de los últimos niños que (a diciembre de 2025) continuaba con vida residiendo en Antofagasta. Sergio Guim. Un exdocente y guía scout que fue hijo de un pulpero de Chacabuco quien vivió en Chacabuco hasta su cierre definitivo en 1945, cuando contaba apenas con seis años.

Según recordó Guim al medio de historia pampina “Don Caliche” en una entrevista concedida en marzo de 2025 “lo que más recuerdo es que solíamos jugar con los niños de mi edad a la pelota. Era una pelota de trapo viejo y nos reuníamos los hijos de obreros, de los oficinistas y de los administradores de la salitrera, y no había distinción de clases. Todos éramos iguales, además que todos íbamos a la misma escuela”.

También, el viejo scout recuerda con nostalgia el día del cierre definitivo de Chacabuco en el año 1945. “debí tener unos 7 u 8 años cuando me fui de Chacabuco. El viaje lo hicimos en carreta. Pero cuando puedo siempre viajo a mi oficina. Me encanta ese lugar no solo porque me vio crecer, sino que a ella debo los años más felices de mi infancia”.

CIERRE DE LA OFICINA

El cierre de Chacabuco como oficina propiamente tal ocurrió en 1940, un años después que en Europa estallase a la Segunda Guerra Mundial. Para aquel año, en septiembre la población era de 139 habitantes; octubre 120 habitantes y para noviembre, 94 habitantes.

Pese a que la despoblación como oficina en sí se llevó en el año ya mencionado, aún había una baja productividad en la zona. Según la publicación del recopilatorio”Testigos el Siglo XX” del El Mercurio de Antofagasta, el 2 de marzo de 1944 (un año antes de que terminara la guerra): “Llegan a la oficina salitrera Chacabuco, los primeros obreros obreros trasladados de la oficina Santa Luisa, ubicada en el cantón de Taltal”.

Para junio de ese año, distintos gremios se mostraron en contra de incentivos de retiro para trabajadores de salitreras, entre las que se encontraban Chacabuco. Según la publicación del recopilatorio”Testigos el Siglo XX” del El Mercurio de Antofagasta, el 29 de junio de 1944 “empleados particulares realizan una manifestación pidiendo el retiro del proyecto de jubilación enviado al Congreso Nacional. A las 10 horas todos los sindicatos de empleados particulares se concentraron en el local de la Asociación de Empleados Particulares de Antofagasta, AEP. Después realizaron un desfile. A la manifestación también se adhirieron los empleados de la oficina Chacabuco. En el nuevo proyecto de Ley las imposiciones pierden un porcentaje que equivale a una disminución de la renta de, a lo menos, 500 pesos. En tanto, los empleados de Chuquicamata también acuerdan rechazar el proyecto de jubilación”.

Finalmente, Chacabuco cierra las faenas productivas en 1940, y pese a que tuvo a una reducida población al interior de sus dependencias, para 1945 ya queda completamente abandonada, e inicia su paulatino desmonte y desarme.

El Consejo de Monumentos Nacionales destaca que, tras 1945, la oficina entró en un paulatino deterioro. “En 1968 la oficina fue vendida a la Sociedad Química y Minera de Chile (SOQUIMICH), pero en el año 1973, al producirse el Golpe de Estado, fue expropiada por las Fuerzas Armadas para convertirse en uno de los campos de prisión y tortura más grandes de la dictadura militar. En él se recluyó a prisioneros políticos varones de Copiapó, Valparaíso, Santiago, Linares y Concepción hasta 1975”.

CAMPO DE PRISIONEROS POLÍTICOS

Casi 30 años después de que fuese abandonado por los pampinos, Chacabuco fue readaptado como campo de prisioneros políticos para funcionar como tal entre 1973 y 1974, cuando buena parte de las viviendas otroras destinadas a albergar al núcleo familiar de los obreros fueron convertidas en celdas para hombres sin delito alguno.

Esto hizo que la ex oficina fuese declarada años después como Sitio de Memoria. Tras el Golpe de Estado, las instalaciones de la ex oficina salitrera fueron tomadas por el Ejército de Chile en noviembre de ese año, y convertidas en una prisión militar para políticos considerados disidentes al régimen. Esto ocurrió específicamente en el área noreste del campamento. El área exterior de la ex oficina fue minada para evitar la fuga de los hombres ahí confinados.

Fue a partir del sábado 10 de noviembre de 1973, la exofina y ahora campo de prisioneros comenzó a recibir a sus primeros políticos, llegando a tener más de 1.280 confinados venidos de diferentes partes del país. Estos fueron dispuestos a lo largo de más de 80 pabellones (cada uno, con unas 10 viviendas) y en cada vivienda fueron retenidas entre cuatro a seis personas. Hoy es posible apreciar la numeración militar pintada en negro en las murallas de estos corredores. Todos los prisioneros políticos eran alimentados en un comedor común en medio de la salitrera, y hasta julio de 1974 no contaban con luz eléctrica. No obstante, no se registró ninguna muerte por ejecución durante este periodo en Chacabuco, salvo el suicidio del interno Óscar Vega González de 67 años, quien se encontraba preso por haber sido dirigente gremial y militante del MAPU. Según un testigo, su depresión aumentó, pues en ese mismo lugar, en los tiempos en que funcionaban las salitreras, había trabajado y vivido con su mujer e hijos. El testigo recordó que le había enseñado su casa familiar de entonces, la que todavía estaba en pie. Vega González se colgó de la viga de la habitación que compartía con otros reclusos a las 10:00 de la mañana del 22 de noviembre de 1973.

Otro de los prisioneros políticos que pasaron por Chacabuco fue el periodista Manuel Alberto “Gato” Gamboa, director del diario El Clarín.

Gamboa fue trasladado a Chacabuco después de estar relegado en el Estadio Nacional. Tras su libertad, escribió en 1984 el libro “Un viaje por el infierno”, recogiendo las experiencias de su reclusión. También el cantautor Ángel Parra (hijo de Violeta Parra) estuvo prisionero en la ex oficina. Tras su liberación, sacó ya en exilio el álbum “Chacabuco” en 1975. También estuvo confinado en Chacabuco don Orlando Valdés Barrientos, alias “El Caliche” (Q.E.P.D) exmilitante del MAPU, y que durante su encierro en la ex oficina se dedicó a realizar una serie de esculturas, tallando los troncos de los árboles secos de la plaza del lugar. Estas esculturas sobreviven hasta el día de hoy, y la principal representa a un Cristo, la efigie de una virgen y una serpiente junto a una manzana. También el mismo “Caliche” es autor de otra obra.

Un retablo de la Iglesia de Chacabuco hecho en relieve al interior de una de las viviendas. Sus esculturas hasta el día de hoy, son un testimonio no solo del horror que se vivió en la vieja salitrera, sino también de la resiliencia y de la capacidad de creación de una persona que sufrió la privación de su libertad sin ningún juicio legal.