En el corazón del desierto de Atacama, a casi cien kilómetros de Antofagasta, se alza la ex Oficina Salitrera Chacabuco. Lo que alguna vez fue un pujante enclave industrial, capaz dealbergar a más de cinco mil personas en plena época del salitre, hoy es también uno de los sitios de memoria más importantes del norte de Chile. Entre 1973 y 1975, tras el golpe deEstado, este lugar fue reutilizado como campo de prisioneros políticos, alojando a cientos de personas en condiciones extremas, muchas de ellas perseguidas únicamente por pensardistinto. Pese a esta doble carga histórica como símbolo del progreso industrial y de la represión dictatorial, la historia de Chacabuco sigue siendo desconocida para buena parte de la población, especialmente las nuevas generaciones. Aún con su declaración como Monumento Nacional, y a pesar del esfuerzo sostenido por la Corporación Museo del Salitre Chacabuco, su historia permanece relegada a nichos reducidos, sin un relato audiovisual de libre acceso que reúna sus dimensiones humanas, políticas y culturales. En 2024 se dio un paso importante con la creación de un recorrido virtual 3D del sitio, pero el relato emocional, íntimo y testimonial sigue ausente. Hoy, con el paso de los años, los protagonistas directos de esa historia comienzan a partir, llevándose consigo sus recuerdos, sus voces y sus vivencias. Testimonios valiosos como el de Sergio Guim, último habitante vivo nacido en la oficina, o el de antiguos prisioneros políticos, corren el riesgo de perderse para siempre si no se resguardan con urgencia. Chacabuco no solo es ruina o archivo: es memoria viva. Es historia que duele y enseña. Y en un país donde la memoria ha sido tantas veces negada o silenciada, este proyecto busca que no se imponga el olvido. Porque mientras exista alguien que cuente lo que vivió entre esos muros, existe la posibilidad de construir una sociedad que no repita sus errores.
